Capítulo I. ¿Se está acabando el agua? Una reflexión científica y práctica
El agua dulce que podemos usar directamente es apenas una mínima parte del total del planeta, menos del 1%. No desaparece, pero cada vez cuesta más conseguirla en condiciones seguras. La escasez no es simple; intervienen varios factores. A veces es la cantidad, otras la calidad, y también influye mucho la infraestructura que debería garantizar que el agua llegue a cada familia. El agua es un recurso muy limitado, por lo que urge su cuidado y preservación. No basta con la voluntad, hay que esforzarse todos los días por construir mejores empeños.
Hoy, se estima que más de mil cuatrocientos millones de seres humanos enfrentan esa vulnerabilidad hídrica en su vida diaria. Y lo cierto es que las proyecciones para 2050 hablan de hasta seis mil millones en riesgo. El cambio climático complica aún más las cosas: menos glaciares, suelos resecos y fenómenos extremos que contaminan las fuentes. En lugares como Sancti Spíritus, esto no es teoría: significa colas para llenar tanques, familias que esperan el camión cisterna y agricultores que deben cambiar sus cultivos porque el agua ya no alcanza.
También hay riesgos derivados de la escasez de agua que no están relacionados con el uso del agua. La falta y la consecuente reducción de los caudales de los ríos pueden elevar el riesgo para la subsistencia y para los pescadores que comercian de ello; mientras que la reducción de los niveles de las aguas subterráneas puede causar el deterioro de los bosques y poner en riesgo la subsistencia. Las consecuencias de la escasez de agua pueden ser engañosas. Tal es el caso de la desaparición del acuífero de Ogallala en el oeste de Estados Unidos, o del acuífero de Edwards para la ciudad de San Antonio, Texas.
Chapter I. Is the water running out? A scientific and practical reflection
Freshwater that we can use directly is barely a minimal part of the planet's total, less than 1%. It does not disappear, but it is increasingly difficult to obtain it in safe conditions. Scarcity is not simple; several factors are involved. Sometimes it is quantity, other times quality, and infrastructure that should ensure water reaches each family also heavily influences it. Water is a very limited resource, so its care and preservation are urgent. Willpower is not enough, we must strive every day to build better efforts.
Today, it is estimated that over fourteen hundred million human beings face this water vulnerability in their daily lives. The projections for 2050 speak of up to six billion at risk. Climate change complicates things further: fewer glaciers, dry soils, and extreme phenomena that contaminate sources. In places like Sancti Spíritus, this is not theory: it means queues to fill tanks, families waiting for the tanker truck, and farmers who must change their crops because there is no longer enough water.
There are also risks derived from water scarcity that are not related to water use. The lack and consequent reduction of river flows can increase the risk to subsistence and to fishermen who trade from it; while the reduction of groundwater levels can cause forest deterioration and threaten subsistence. The consequences of water scarcity can be misleading. Such is the case of the disappearance of the Ogallala aquifer in the western United States, or the Edwards aquifer for the city of San Antonio, Texas.