
La industria de la inteligencia artificial se enfrentó a una cruda realidad esta semana cuando la rumoreada alianza de infraestructura de 100 mil millones de dólares entre Nvidia y OpenAI —otrora promocionada como el proyecto de computación más grande de la historia— fue efectivamente disuelta. En un movimiento que ha enviado temblores a través de los mercados globales y ha reavivado los debates sobre la sostenibilidad de la financiación de la IA, el CEO de Nvidia, Jensen Huang, aclaró que el compromiso masivo de capital nunca se finalizó, calificando los rumores de colapso como "tonterías" mientras admitía simultáneamente que el acuerdo no procedería como se había publicitado originalmente.
Para los observadores de la industria e inversores, el "colapso" de este acuerdo es más que una simple negociación fallida; es un evento trascendental que expone la fragilidad de la llamada "AI Circular Economy". A medida que los gigantes tecnológicos compiten por construir la infraestructura para la próxima generación de superinteligencia, las líneas entre cliente, inversor y proveedor se han desdibujado en una compleja red de interdependencia financiera que ahora está atrayendo un intenso escrutinio.
Hablando con reporteros en Taipéi a principios de esta semana, Jensen Huang buscó disipar la nube de incertidumbre que rodea la relación de Nvidia con su cliente más famoso. La narrativa original, que surgió alrededor de septiembre de 2025, sugería que Nvidia financiaría una red de centros de datos de 10 gigavatios para OpenAI, desplegando sus próximas CPUs de la plataforma Vera Rubin.
Sin embargo, los comentarios recientes de Huang pintaron un panorama diferente. "Nunca dijimos que íbamos a invertir 100 mil millones de dólares en una sola ronda", declaró Huang, rechazando visiblemente el frenesí mediático. Enfatizó que si bien Nvidia tiene la intención de participar en la próxima ronda de financiación de OpenAI, la inversión sería una participación accionaria significativamente menor que la financiación de infraestructura discutida anteriormente.
El giro revela un enfriamiento del expansionismo frenético que caracterizó 2024 y 2025. Mientras que el CEO de OpenAI, Sam Altman, aseguró al público a través de X (antes Twitter) que las dos compañías siguen siendo socios cercanos, la disolución del marco de 100 mil millones de dólares sugiere que incluso los titanes de la IA se están volviendo cautelosos ante el gasto de capital astronómico (CapEx) requerido para sostener las tasas de crecimiento actuales.
En el corazón de esta controversia se encuentra el concepto de la "Economía Circular de la IA". En este modelo, los gigantes tecnológicos y los capitalistas de riesgo inyectan miles de millones en startups de IA. Estas startups, a su vez, utilizan ese capital casi exclusivamente para comprar servicios de computación en la nube. Los proveedores de la nube (como Microsoft Azure, Oracle y AWS) luego toman esos ingresos y se los entregan a los fabricantes de chips —principalmente Nvidia— para comprar más GPUs. Finalmente, Nvidia cierra el círculo invirtiendo sus ganancias nuevamente en las mismas startups de IA que impulsan la demanda de sus chips.
Los críticos argumentan que esta estructura crea un bucle de retroalimentación de ingresos artificial, inflando las valoraciones y las cifras de ingresos sin generar necesariamente un beneficio externo de la utilidad de la IA en el mundo real. El colapso del megaacuerdo Nvidia-OpenAI sugiere que el fabricante de hardware puede estar dudando en exponerse excesivamente a este ciclo.
La preocupación es que los ingresos de "ida y vuelta" (round-tripping) —donde el dinero invertido regresa al inversor como ingresos— enmascaran las verdaderas tasas de consumo de efectivo (burn rates) de las empresas de IA. Con OpenAI proyectando pérdidas de 14 mil millones de dólares solo en 2026, la sostenibilidad de este modelo está bajo cuestionamiento.
La siguiente tabla ilustra el flujo de capital que caracteriza a esta economía circular, destacando por qué una interrupción en un nodo puede amenazar a todo el ecosistema.
Tabla: El flujo circular del capital de IA
| Entidad | Rol en el ecosistema | Acción financiera |
|---|---|---|
| Big Tech & Fondos VC | Fuente de capital | Inyecta financiación multimillonaria en Startups de IA |
| AI Startups (e.g., OpenAI) | Creador de servicios | Gasta >70% del capital en Servicios de Nube/Cómputo |
| Proveedores de Nube (Oracle/Azure) | Anfitrión de infraestructura | Compra clústeres masivos de GPU a fabricantes de chips |
| Nvidia | Proveedor de hardware | Registra ingresos; reinvierte ganancias en Startups para alimentar la demanda |
La recalibración de la asociación Nvidia-OpenAI tiene implicaciones inmediatas para el sector tecnológico en general. Oracle, que recientemente aseguró un acuerdo masivo de computación en la nube de 300 mil millones de dólares con OpenAI, se ha encontrado en el punto de mira. Según los informes, los tenedores de bonos han lanzado demandas colectivas, alegando que la empresa engañó a los inversores con respecto a sus necesidades de capital, asumiendo que la financiación de Nvidia respaldaría la capacidad de pago de OpenAI.
Si bien Oracle ha declarado públicamente que las noticias de Nvidia tienen "cero impacto" en su relación financiera con OpenAI, el mercado sigue nervioso. Si el flujo de capital de inversión hacia las startups se ralentiza, la capacidad de estas startups para cumplir con sus obligaciones de cómputo de un billón de dólares queda en duda. Esto crea un potencial problema de liquidez para los proveedores de la nube que ya se han comprometido a comprar hardware basándose en la demanda futura proyectada.
Además, la cadena de suministro de hardware está sintiendo la presión. Los informes indican que OpenAI ha expresado insatisfacción con ciertos aspectos de la hoja de ruta de Nvidia, explorando alternativas para diversificar su dependencia del hardware. Si bien Nvidia sigue siendo el rey indiscutible del silicio de IA, cualquier fragmentación en el estándar de "solo Nvidia" podría señalar una maduración del mercado donde la eficiencia de costes comienza a rivalizar con el rendimiento bruto como prioridad.
Desde nuestra posición en Creati.ai, este desarrollo no debe verse únicamente como una señal negativa. El colapso de un "acuerdo de apretón de manos" de 100 mil millones de dólares es una señal de un mercado que se mueve de la euforia absoluta a la debida diligencia (due diligence).
La fase temprana del auge de la IA se definió por cheques en blanco y un optimismo sin límites. Ahora estamos entrando en la fase de despliegue, donde el retorno de la inversión (ROI) importa. La reticencia de Nvidia a financiar por sí sola un clúster de 10GW sugiere una disciplina saludable. Indica que los proveedores de hardware ya no están dispuestos a actuar como el prestamista de última instancia para sus clientes.
Sin embargo, los riesgos de la economía circular siguen siendo reales. Si la utilidad subyacente de los modelos de IA no genera ingresos comparables a los costes de infraestructura —costes que actualmente están subvencionados por el capital de riesgo—, el ciclo eventualmente se romperá. La industria debe transicionar de un modelo de financiación circular a uno de creación de valor lineal, donde los productos de IA generen flujo de caja a partir de la adopción empresarial y del consumidor, en lugar de las rondas de inversión de sus proveedores de hardware.
A medida que avanza 2026, la métrica clave a observar no será el tamaño de las rondas de inversión, sino los ingresos "reales" de las aplicaciones de IA. Hasta entonces, el fantasma del acuerdo de 100 mil millones de dólares servirá como recordatorio de que incluso en la era de la superinteligencia, la gravedad económica sigue aplicándose.