
En los pasillos de Davos 2026, el ánimo en torno a la inteligencia artificial (artificial intelligence, AI) ha cambiado perceptiblemente de una euforia desmedida a una realidad más cruda y pragmática. Aunque la inversión global en AI subió hasta un estimado de $1,5 billones el año pasado, ha surgido una desconexión sorprendente: casi dos tercios de las empresas no logran escalar sus proyectos de AI más allá de la fase piloto.
Los informes que emanan del World Economic Forum (WEF) y de las principales consultoras financieras dibujan un panorama complejo del entorno empresarial en 2026. Mientras que el gasto sigue acelerándose—Gartner pronostica un aumento interanual del 44 % hasta $2,52 billones—las métricas de implementación reales cuentan una historia de fricción, recalibración y “purgatorio piloto”. Para los observadores de la industria, esto no representa un fracaso de la tecnología, sino una maduración del mercado donde por fin se están afrontando las complejidades de la integración, la gobernanza y el retorno de la inversión (ROI).
A pesar del capital que inunda el sector, la realidad operativa para los ejecutivos de la alta dirección (C-suite) está demostrando ser tenaz. Una encuesta global reciente de McKinsey revela que la mayoría de las empresas aún no han logrado operacionalizar la IA en toda su organización. El desafío ya no es el acceso a la tecnología sino la preparación estructural para emplearla.
Los datos de PwC refuerzan este relato, y señalan que sólo el 12 % de los CEOs informan que sus iniciativas de AI han generado tanto reducciones de costos como crecimiento de ingresos. Además, el 56 % de los encuestados admitió no haber observado “beneficios financieros significativos” hasta la fecha. Esta ambigüedad en el ROI ha desencadenado un giro en la estrategia corporativa, pasando del gasto experimental a la estricta rendición de cuentas.
Steve Bailey, CFO de Match Group, ejemplificó esta nueva disciplina en comentarios recientes, señalando que las empresas están instaurando una “barra más alta” para la asignación de capital a AI. La era del “cheque en blanco” para la experimentación con AI parece haber terminado, reemplazada por requisitos rigurosos para casos de negocio que demuestren claras ganancias de eficiencia o ahorros de costos antes del despliegue.
Una de las tendencias más contraintuitivas observadas a principios de 2026 es la fuerte caída en el despliegue de la IA agentiva (agentic AI): sistemas capaces de tomar decisiones autónomas y ejecutar tareas. Según KPMG, la tasa de despliegue de agentic AI entre empresas cayó del 42 % en el tercer trimestre al 26 % en el cuarto trimestre.
Aunque esta caída podría sugerir a primera vista un menor interés, los expertos sostienen que señala un “momento de realización”. Swami Chandrasekaran, Global Head of AI and Data Labs en KPMG, sugiere que esta pausa es estratégica. Las empresas están descubriendo que desplegar agentes autónomos requiere capas de datos fundamentales robustas y marcos de gobernanza que muchas organizaciones simplemente aún no poseen. Las compañías están, efectivamente, pulsando el botón de pausa para subsanar la deuda técnica y silenciar los silos de datos antes de confiar procesos empresariales centrales a agentes autónomos.
Los obstáculos que impiden el escalado fluido de la AI son multifacéticos, y van desde problemas técnicos heredados hasta déficit de capital humano. El siguiente análisis resume los principales puntos de fricción identificados por líderes financieros y tecnólogos en 2026.
Table: Core Challenges Hindering Enterprise AI Scaling
| Métrica/Desafío | Descripción | Impacto empresarial |
|---|---|---|
| Ambigüedad del retorno de la inversión (ROI) | Dificultad para medir el valor más allá de simples tareas de productividad. | Los directores financieros (CFOs) están congelando presupuestos para proyectos que carecen de KPIs financieros claros o vínculo con ingresos. |
| Deuda técnica | Sistemas ERP heredados y arquitecturas de datos fragmentadas. | El 86 % de los CFOs citan la deuda tecnológica existente como una barrera significativa para la implementación. |
| Brechas de gobernanza | Falta de guardarraíles para la IA agentiva y riesgos de “alucinaciones”. | La ciberseguridad se sitúa como la principal barrera; el miedo al riesgo interno detiene los lanzamientos a producción. |
| Déficit de talento | Escasez de habilidades en supervisión de AI, gobernanza y alfabetización de datos. | Las organizaciones se ven obligadas a aumentar los presupuestos de formación ante la incapacidad de la contratación para cerrar la brecha. |
| Incertidumbre regulatoria | Leyes estatales fragmentadas y directivas federales conflictivas. | Los equipos legales aconsejan cautela en medio de paisajes de cumplimiento en evolución y órdenes ejecutivas. |
Un tema recurrente en Davos 2026 fue que el escalado de la AI es fundamentalmente un desafío organizacional más que tecnológico. Roy Jakobs, CEO de Royal Philips, enfatizó que insertar simplemente la AI en los flujos de trabajo existentes rara vez produce resultados transformadores. En cambio, las empresas deben “reimaginar” por completo los procesos de trabajo para acomodar las capacidades de la nueva fuerza laboral digital.
Este sentimiento fue repetido por Julie Sweet, CEO de Accenture, quien abogó por una filosofía de “el humano al mando, no el humano en el circuito”. Las implementaciones más exitosas—llamadas casos “Lighthouse” (Lighthouse cases)—son aquellas en las que la AI se usa para aumentar el juicio humano en vez de reemplazarlo.
Por ejemplo, JLL Technologies informó una reducción del 85 % en los ciclos de desarrollo al automatizar la recopilación de requisitos y las pruebas, lo que permitió a los ingenieros senior centrarse en la arquitectura de alto valor. De forma similar, el uso interno de AI de Google para la generación de código ha incrementado supuestamente la velocidad de ingeniería en un 10 %. Estas historias de éxito comparten un rasgo común: integran la AI en un flujo de trabajo rediseñado en lugar de añadirla a procesos heredados.
Lo que complica los esfuerzos de escalado es un entorno regulatorio cada vez más fragmentado. En Estados Unidos, acciones ejecutivas recientes han introducido incertidumbre respecto a la autoridad estatal frente a la federal sobre la gobernanza de la AI. Con distintas jurisdicciones proponiendo normas conflictivas sobre privacidad de datos y sesgos algorítmicos, las corporaciones multinacionales están adoptando una postura defensiva.
Maryam bint Ahmed Al Hammadi, Ministra de Estado de los EAU, destacó en Davos que una regulación eficaz debe centrarse en la trazabilidad y la prevención de sesgos. Sin embargo, hasta que no se estabilice un marco global o al menos nacional unificado, muchas empresas están optando por limitar el alcance de sus despliegues de AI a aplicaciones internas de bajo riesgo, evitando sistemas orientados al cliente o críticos para la toma de decisiones.
A medida que avanza 2026, la narrativa de la IA empresarial está experimentando una corrección necesaria. La caída en el despliegue de IA agentiva y el escrutinio riguroso del ROI no son señales de fracaso, sino de una industria que entra en una fase operativa seria. Los ganadores en este próximo ciclo no serán necesariamente las empresas que más gasten, sino aquellas que logren cerrar la brecha entre los programas piloto y la integración a nivel empresarial.
Para los líderes del sector, la consigna es clara: priorizar las bases de datos, abordar la deuda técnica y rediseñar los flujos de trabajo organizacionales. Sólo resolviendo los problemas estructurales “aburridos” podrán las empresas aspirar a desbloquear el valor transformador prometido por la inversión de $1,5 billones en inteligencia artificial (artificial intelligence, AI).