
En el panorama de rápida evolución de 2026, la rotundidad de la muerte ya no es absoluta. Un novedoso estudio publicado en New Media & Society ha arrojado una luz cruda sobre la creciente industria de la tecnología del duelo (Grief-Tech), introduciendo un escalofriante nuevo concepto económico: "Trabajo espectral (Spectral Labor)".
Conforme las herramientas de IA generativa (Generative AI) se vuelven cada vez más capaces de sintetizar semejanzas humanas, voces y personalidades, los fallecidos están siendo reclutados en una fuerza laboral digital. Desde estrellas pop resucitadas que actúan en conciertos holográficos hasta víctimas de asesinatos que entregan testimonios políticos póstumos, el estudio sostiene que los difuntos se están convirtiendo en participantes involuntarios de una economía de datos que extrae, circula y monetiza sus restos digitales sin consentimiento.
Los investigadores Tom Divon y Christian Pentzold, autores del estudio "Artificially alive: An exploration of AI resurrections and spectral labor modes in a postmortal society," advierten que estamos presenciando un cambio fundamental en la ontología de la muerte. Ya no es una cesación de la actividad sino una transición hacia un estado pasivo de servidumbre digital.
El término "Trabajo espectral" se refiere al trabajo realizado por las personas digitales de individuos fallecidos. A diferencia del trabajo tradicional, que implica una transacción de tiempo y esfuerzo por una compensación, el trabajo espectral utiliza los "residuos digitales" que deja una persona—registros de redes sociales, notas de voz, fotos y videos—para generar valor para terceros.
"Los muertos se convierten en fuentes involuntarias de datos, semejanza y afecto," explica el estudio. Este fenómeno plantea preguntas profundas sobre la agencia. Cuando un actor fallecido es resucitado digitalmente para protagonizar una película a la que nunca accedió, o cuando el avatar de una abuela es programado para leer cuentos antes de dormir a una generación que nunca conoció, están realizando trabajo. La diferencia crítica es que no pueden negociar condiciones, negarse a trabajar ni beneficiarse de los ingresos.
Esta mercantilización de la vida después de la muerte crea un desequilibrio de poder donde los vivos (corporaciones, plataformas tecnológicas o familiares supervivientes) tienen control absoluto sobre las "almas" digitales de los difuntos.
La investigación de Divon y Pentzold analizó 50 casos distintos en Estados Unidos, Europa y Asia para categorizar cómo se está utilizando la IA para reanimar a los muertos. Identificaron tres modos principales de resurrección, cada uno con pesos éticos y funciones sociales únicas.
La siguiente tabla describe estos modos, distinguiendo sus propósitos y los riesgos éticos específicos que implican:
| Modo de Resurrección | Descripción | Propósito principal | Perfil de riesgo ético |
|---|---|---|---|
| Espectacularización (Spectacularization) | La recreación pública de figuras culturales icónicas (p. ej., músicos, actores) mediante hologramas inmersivos o deepfakes. | Entretenimiento & Lucro | Alto: Riesgo de explotación comercial y tergiversación del legado del artista. |
| Sociopolitización (Sociopoliticization) | Reinvocar víctimas de violencia o injusticia para transmitir mensajes políticos o testimonios póstumos. | Activismo & Conmemoración | Medio-Alto: Potencial para instrumentalizar a los muertos en agendas políticas que quizás no habrían apoyado. |
| Mundanización (Mundanization) | La reactivación cotidiana de seres queridos mediante chatbots, síntesis de voz y avatares para interacción personal. | Procesamiento del duelo & Consuelo | Variable: Riesgo de dependencia psicológica para los vivos y de violaciones de la privacidad para los difuntos. |
La "mundanización" de la resurrección por IA es quizás el sector que más rápidamente se expande. El llamado mercado de la tecnología del duelo (Grief-Tech), valorado en más de $36 millones a principios de 2026, promete consuelo a los enlutados. Los servicios ahora ofrecen "inmortalidad digital", permitiendo a los usuarios subir registros de chat y muestras de voz para crear "deadbots" interactivos que pueden enviar mensajes de texto, hablar e incluso realizar videollamadas a los familiares supervivientes.
Si bien los defensores sostienen que estas herramientas proporcionan cierre, el estudio destaca un lado más oscuro. Existe un riesgo tangible de "bloqueo emocional (emotional stalling)", donde los afligidos externalizan efectivamente su proceso de duelo a un algoritmo, potencialmente atrapándolos en un bucle de negación. Además, el modelo comercial de estos servicios suele basarse en tarifas de suscripción. Esto crea una dinámica grotesca en la que el acceso a un padre o cónyuge fallecido depende de un pago mensual, convirtiendo la memoria de un ser querido en un producto SaaS (Software as a Service).
La violación ética central identificada por Divon y Pentzold es la falta de consentimiento. La gran mayoría de las personas que actualmente están siendo "resucitadas" vivieron y murieron antes de que existieran estas tecnologías. Nunca dieron su consentimiento.
Los marcos legales están luchando por mantenerse al día. Si bien la AI Act de la Unión Europea y leyes de protección de datos como el GDPR ofrecen cierta cobertura para los vivos, los derechos de los muertos son legalmente confusos. El estudio aboga por un nuevo estándar legal: el "Derecho a Nominar". Esto permitiría a las personas nombrar a un "Albacea Digital (Digital Executor)" mientras aún están vivos—una persona de confianza autorizada para decidir si, cómo y cuándo se puede usar su semejanza digital después de la muerte.
Sin tales marcos, corremos el riesgo de crear una "casa encantada digital" donde nuestras huellas en línea se explotan indefinidamente. Los investigadores señalan un crecimiento del sentimiento público a favor del "Principio de Continuidad (Continuity Principle)", por el cual los usuarios esperan que sus normas de privacidad en vida sobrevivan a su muerte física. Si no querrías que una corporación leyera tus mensajes privados mientras estás vivo, probablemente no querrías que los usaran para entrenar un chatbot después de que mueras.
Más allá de los asuntos legales y económicos yace un cambio cultural más profundo. La ubicuidad de las resurrecciones por IA amenaza con erosionar el propio concepto de mortalidad. Si cualquiera puede ser devuelto como un avatar interactivo, la muerte pierde su carácter final y la sociedad podría perder su capacidad de procesar la pérdida.
El estudio funciona como una alarma crítica para la industria de la IA. Estamos construyendo la infraestructura del más allá, línea de código a línea de código. Como desarrolladores e innovadores, la responsabilidad recae en la comunidad tecnológica para garantizar que este nuevo ámbito digital honre la dignidad de los fallecidos en lugar de verlos meramente como materia prima para la generación de contenido.
A medida que avanzamos en 2026, la pregunta ya no es podemos devolver a los muertos, sino deberíamos? ¿Y si lo hacemos, les debemos un sueldo—o, al menos, una elección?