
El rápido ascenso de la inteligencia artificial (artificial intelligence) ha precipitado una crisis energética imprevista, obligando al sector tecnológico a afrontar las limitaciones físicas de las redes eléctricas globales. A enero de 2026, un nuevo informe de las Naciones Unidas destaca un cambio decisivo en la estrategia energética: la "revolución de la IA" está ahora inextricablemente vinculada a un "renacimiento nuclear". Con 71 nuevos reactores nucleares actualmente en construcción en todo el mundo, la narrativa ha pasado de la mera sostenibilidad a la necesidad urgente de fiabilidad en el suministro de energía de base que las energías renovables por sí solas no pueden proporcionar.
En el corazón de esta transición hay una proyección asombrosa: para 2035, se espera que la demanda global de electricidad aumente en más de 10.000 teravatios-hora, una cifra aproximadamente equivalente al consumo total actual de todas las economías avanzadas juntas. Para los actores de la industria de la inteligencia artificial, esto no es solo un desafío de infraestructura, sino un requisito operativo existencial. La pura densidad computacional requerida para entrenar y operar modelos de próxima generación está empujando a las redes tradicionales hasta su punto de ruptura, lo que exige un giro hacia soluciones nucleares de alta densidad y sin carbono.
Para comprender la magnitud del desafío, hay que mirar las métricas de consumo de la infraestructura moderna. La Agencia Internacional de la Energía (IEA) informa que la demanda eléctrica de los centros de datos aumentó en más de un 75% entre 2023 y 2024. Para 2030, se proyecta que estas instalaciones representen más del 20% del crecimiento de la demanda eléctrica en las economías avanzadas.
El perfil energético de las operaciones de la inteligencia artificial difiere fundamentalmente de la informática en la nube estándar. Los modelos de IA generativa (Generative AI) requieren procesamiento continuo y de alta intensidad para el entrenamiento, que puede durar semanas o meses. Un solo centro de datos de tamaño medio ahora consume tanta electricidad como 100.000 hogares típicos. En los Estados Unidos, que alberga a la mayoría de las principales firmas de IA, el consumo energético del procesamiento de datos impulsado por IA está en camino de superar el uso combinado de electricidad de las industrias del aluminio, acero, cemento y producción química para finales de la década.
La siguiente tabla ilustra la escala comparativa del consumo de energía, destacando por qué la industria busca fuentes de energía dedicadas.
Table 1: Comparative Energy Consumption Metrics
| Entity Category | Energy Consumption Equivalence | Projected Impact |
|---|---|---|
| Medium-sized Data Center | 100,000 Households | High local grid stress |
| AI Data Processing (US) | Combined Heavy Industries (Steel, Cement, etc.) | Major national infrastructure load |
| Global Demand Increase (2035) | Total Advanced Economies' Current Usage | Global energy supply gap |
Durante años, las grandes empresas tecnológicas confiaron en Power Purchase Agreements (PPAs) para eólica y solar para compensar su huella de carbono. Sin embargo, la naturaleza intermitente de las energías renovables—dependiente de las condiciones meteorológicas y la hora del día—es incompatible con los requisitos de disponibilidad 24/7 de centros de datos de IA críticos para la misión.
Manuel Greisinger, un gerente sénior en Google centrado en IA, articuló este cambio sin rodeos en el reciente informe de la ONU: “Necesitamos electricidad limpia y estable, sin carbono, disponible las 24 horas del día. Este es indudablemente un umbral extremadamente alto, y no se puede alcanzar solo con energía eólica y solar. La IA es el motor del futuro, pero un motor sin combustible es casi inútil.”
Este sentimiento subraya la realidad de que la energía nuclear ya no se ve meramente como una opción, sino como un componente imprescindible de la futura estructura energética. La industria requiere lo que Rafael Mariano Grossi, Director General de la International Atomic Energy Agency (IAEA), describe como las "cinco necesidades":
La respuesta corporativa a esta realidad energética ha sido rápida y de gran intensidad de capital. Los gigantes tecnológicos se han comprometido colectivamente a apoyar el objetivo de triplicar la capacidad mundial de energía nuclear para 2050. Este compromiso ya se está manifestando en acuerdos tangibles y de alto perfil que conectan Silicon Valley con el complejo industrial nuclear.
Microsoft ha acaparado titulares con un histórico acuerdo de compra de energía a 20 años que facilita el reinicio de la Unidad Uno en la central nuclear Three Mile Island en Pensilvania. Este movimiento simboliza un cambio significativo en la percepción pública y corporativa, priorizando la seguridad energética y los objetivos climáticos sobre las aprensiones históricas.
De manera similar, Google ha abierto nuevos caminos al firmar el primer acuerdo mundial para comprar energía nuclear de múltiples Small Modular Reactors (SMRs). A diferencia de las plantas tradicionales, estos SMRs ofrecen una solución descentralizada que se alinea perfectamente con la naturaleza modular de la expansión de los centros de datos. Si los plazos regulatorios y de construcción se mantienen, estas unidades podrían estar operativas para 2030, proporcionando una alimentación eléctrica dedicada directamente a los centros computacionales de Google.
La conversación sobre la energía nuclear se está centrando cada vez más en los Pequeños Reactores Modulares (Small Modular Reactors, SMRs) como la "aplicación definitiva" para la energía de los centros de datos. Las plantas nucleares tradicionales requieren una inversión inicial masiva, grandes zonas de exclusión y plazos de ejecución de una década o más. Los SMRs, en cambio, prometen un paradigma diferente.
Ventajas clave de los SMRs para la infraestructura de IA:
El Director General de la IAEA, Grossi, señaló que, aunque los SMRs aún están saliendo de la fase de I+D, la agencia trabaja estrechamente con los reguladores para acelerar su viabilidad. La visión es tener "un gran número de pequeños reactores" desplegados específicamente para satisfacer la demanda localizada e intensa de la economía digital.
La intersección entre la inteligencia artificial y la energía nuclear también está remodelando el panorama geopolítico. Las naciones reconocen que el liderazgo en IA requiere una columna vertebral energética robusta e independiente.
Si bien la energía nuclear proporciona la solución inmediata para la próxima década, las empresas tecnológicas también miran más lejos. Google explora redes solares basadas en el espacio—satélites que capturan energía solar sin filtrar en órbita y la transmiten de regreso a la Tierra. Dos satélites prototipo están programados para su lanzamiento a principios de 2027 para probar la tolerancia a la radiación y el procesamiento de datos en el espacio.
Sin embargo, estos esfuerzos futuristas siguen siendo complementarios a los pasos inmediatos y concretos que se están dando en tierra. El consenso entre responsables políticos, tecnólogos y expertos en energía es claro: el camino hacia un futuro sostenible para la IA pasa por el núcleo del reactor.
La narrativa de 2026 es una de convergencia. El mundo digital, a menudo percibido como intangible y basado en la nube, está chocando con las duras realidades de la física y la infraestructura. Los 71 reactores que actualmente están en construcción representan más que mera capacidad energética; representan la base de la próxima era de la computación. A medida que los modelos de inteligencia artificial crecen en complejidad y ubicuidad, el silencio de una sala de servidores estará cada vez más respaldado por el zumbido de una turbina nuclear. Para la industria de la IA, la energía nuclear ha pasado de ser una alternativa controvertida a una dependencia crítica.